sábado, 7 de enero de 2012

Ondas de posibilidades




La física cuántica establece que las partículas elementales constituyentes del átomo, no son elementos esencialmente reales dada su imprecisión existencial.

Se pueden comportar como partículas en un momento dado y como ondas en el siguiente o en el anterior. Existen en un espacio y un tiempo que no reconoce el presente, saltan del pasado al futuro, y a la inversa. 
La esencia de la materia es verdaderamente inatrapable.
El presente material sólo es reconocido como una necesidad y una arbitrariedad de la observación humana.
No obstante esta ausencia de "materialidad", paradójicamente, las partículas elementales se presentan como el fundamento de la materia.

El principio de incertidumbre propuesto por Heisenberg, expresa que no podemos conocer con exactitud la posición y el momento (velocidad) de una partícula. Cuanto más averiguamos sobre uno de los observables del par (posición-velocidad, energía-tiempo, etc) el otro permanece indeterminado.
Por otra parte, la velocidad y posición de una partícula solamente se puede fijar en un instante dado, pero nunca se sabrá que sucederá en el instante siguiente, y tampoco si actuará como tal partícula o como función de onda. Es una cuestión de probabilidades.

Por eso la mecánica cuántica es probabilística y a diferencia de la física clásica que es determinista, ya que conociendo la posición y la velocidad de un cuerpo puedo determinar su trayectoria y la evolución del sistema, pero a nivel cuántico no se puede hablar de “trayectoria” de una partícula, sino de probabilidades de encontrarla aquí o allá.
Para el observador, en los niveles fundamentales la realidad se presenta mas bien borrosa e indeterminada.

El significado de la dualidad onda-partícula es que las partículas pueden ser simultáneamente ondas, esto no se refiere a ondas físicas reales, como las ondas del sonido o del agua, sino más bien fenómenos ondulatorios de probabilidad. Cuanto mayor es la onda (intensidad, amplitud, etc) hay más probabilidades de que ocurra un determinado suceso. Aunque más estrictamente hablando, no nos referimos a cosas reales, con existencia y sustancia propia. En los niveles fundamentales de la vida todo existe en relación de interconexión e interdependencia. Nada existe por si mismo.

Las ondas de probabilidades no representan las probabilidades de las cosas, es decir de algo "concreto", sino más bien probabilidades de interconexión. Es un concepto difícil de entender, pero, lo que llamamos «cosa» en esencia no existe. Lo que solíamos llamar «cosas» son, en realidad, «sucesos» o procesos que podrían convertirse en sucesos.

Nuestro viejo mundo de objetos sólidos y leyes deterministas, es en realidad un mundo de patrones de interconexiones ondulantes. Conceptos tales como «partícula elemental», «sustancia material» u «objeto aislado» van perdiendo su significado.


El universo entero se nos presenta como una trama de conexiones energéticas inseparables. Así, definimos el universo como un todo dinámico que incluye siempre de forma esencial al observador.
La mirada del observador modela la realidad física. 
La conciencia provoca un movimiento de energía e información que de acuerdo a su nivel de vibración, se condensarán en materia por un momento. 
La muy alta vibración de los miles de billones de átomos que forman nuestro cuerpo crean la ilusión de solidez y permanencia, pero la sustancia real de nuestro cuerpo está más cercana a un sueño o a un pensamiento que a algo consistente.

Por esto, más allá de la realidad cotidiana definida y determinada, existe un mar de infinitas posibilidades. Una red ilimitada de interconexiones que nos permiten el acceso a información y a energía, fundamentales para crear una vida con más posibilidades y aptitudes.

Así somos. Por una parte un cuerpo particular, manifestado y concreto y por la otra somos una nube insustancial de posibilidades no manifestadas en interconexión con el resto del universo.

La conciencia se manifiesta por medio de la partícula, del corpúsculo, de la materia. Es muy sensible a materializarse y a encarnarse. Por eso tendemos solo a considerar la "particularidad" de las cosas y a percibir el lado "material" de la realidad. Pero esta es una ilusión de la percepción que necesita ser equilibrada con la comprensión de nuestra verdadera naturaleza.

Esta forma de autoconocimiento genera una expansión de la conciencia e influye inevitablemente en el propio organismo y en el entorno.


 

1 comentario:

Dani González Abalde dijo...

Me ha gustado su entrada, gracias. Ahora entiendo mucho mejor las bases de la mecánica cuántica.

No concibo la idea de que el orden en el universo sea de probabilidades, el todo es más que la suma de sus partes; posiblemente esas probabilidades o información, existan dentro de un orden más abstracto de conocimiento, me gusta pensar eso, que haya algo que sustente el caos cuántico, aunque fuese de forma teórica.
También pienso que el cerebro, como sistema, se ha adaptado y evolucionado en el orden que le ha tocado existir, la ciencia está relativamente cerca de comprender su funcionamiento, de adaptarse a un nuevo concepto de la realidad humana.

Estas dos grandes incertidumbres de la ciencia son tan curiosas que apasiona gestionar el aprendizaje a su conocimiento.

Le invito a curiosear mi blog: http://creatividaddanigonzalez.blogspot.com/